De los papeles de un baulito chino y algo más

Indice alfabético de colaboradores, sin cuyas inestimables aportaciones jamás de los jamases habría sido posible esta muy memorable y digna de ser recordada -punto por punto y coma por coma (a ser posible y si no es mucho pedir)-  página:

►Adoración López 

►Begoña Parrado

También se conserva una foto en negativo cuyas páginas no habría sido posible localizar y posteriormente ordenar sin la inestimable colaboración del Sr. Pedreras, que tuvo la amabilidad de elaborar un índice detallado seguido, para una mejor comprensión de su contenido y posterior trascendencia, de unas notas. Ver más abajo.

►Bisabuelo Montano

Que muy  diferente de la bisabuela —que, esa sí, supo  como venimos de ver más arriba incorporarse a la modernidad y hacer incluso sus pinitos con los adelantos tecnológicos — y mucho más anclado él en sus propios tiempos… sigue

►Brigidina

►Calandra

►Casimiro

►Claudio Puerto

►Clodoaldo Quijares

►don Aniceto

Su esposa nunca dejaría de maravillarse, y no sin razón, de la facilidad prodigiosa que tenía para, además de cuando salía del probador confundirla a ella misma con las esposas de cualquiera de los otros caballeros, que acudían a comprar no importa qué a grandes almacenes y salían igual que ella de los probadores, pegar la hebra - tan bondadoso - siempre con las más feas.

►Don Apuleyo

Cuya intervención no aporta nada nuevo ni arroja luz alguna sobre un mundo y unos hechos ya más que de sobra conocidos — sobre todo para los que habiendo pasado aun de refilón y sin pararse,  porque ya se sabe que no es casilla en la que exista posibilidad de ni tan siquiera tomar asiento, por el número 5 estén al tanto de lo que relatase doña Gardenia en su versión 10 y en términos prácticamente idénticos — y se sospecha, por lo tanto,  que no tuvo más finalidad que, hombre éste temeroso de Dios e hipocondríaco donde los haya, servir de engarce para a través de la foto que se nos muestra en su pie de página nº1 brindar a la Loli la oportunidad de un minuto de gloria que la forzase, quién podría saber, a (aunque nada más fuera como muestra de agradecimiento) no acordarse de él durante los próximos… tres o cuatro lustros.

►Don Arnaldo

►don Celedonio

►Don Cliptemestro

Que, ya porque fuera en extremo machacón o porque no las tuviera todas consigo en lo referente a cuán pleclara pudiera ser la inteligencia de sus alumnos, gustaba de ilustrar sus enseñanzas con ejemplos a todo el color posible y, en este caso en concreto, eligió el 255-0-255 no sin dejar de advertir que en los deberes para casa cada cual era libre de elegir el que más le gustase.

►don Heliodoro

Que con el primer párrafo y el afligido esposo demudado y tembloroso y deshecho en lágrimas, que era todo lo que se le pedía mientras entraba el regidor dando las instrucciones correspondientes a Sonia, habría cumplido dijo la viuda de Ampuero más que de sobra "pero este hombre, que me desespera, siempre se mete en más jardines de los que se le encargan". Aunque a ella, le explicó a la de Arrupe, "como tú comprenderás no es que me importe". Pero que qué necesidad tendría "este hombre" (se preguntaba), de meterse en tanto jaleo con los chiquillos, y con el padre y los abuelos y, para colmo, con la madre que, que Dios la perdonase (a ella, la de Ampuero misma) pero le daba muy, pero que muy malísima espina.

►doña Gardenia

Su versión de quienes somos que en su momento nos proporcionara  Sonsoles podía no ser (y en verdad no era) una de las más brillantes — o rompedoras con las ancestrales y tan arraigadas formas de versionar — ni exhaustivas o merecedora de ser tomada  por fuente fidedigna o capaz de calmar la sed de verosimilitud que el ocasional internauta anduviera buscando saciar bebiendo en estas páginas, pero sí perfectamente digna de ser mencionada y recordada si se considera que, gracias a ella y por su mediación, se hicieron un pequeño hueco en nuestra Historia voces tan anodinas como la de Gutiérrez , o las de las Recuero, o la de la tía Tirrena, o la de la criada de don Federico, o la de Albertito el del tuerto que — por cierto y en reconocimiento al respeto que en el sentir de la aludida merecía la opinión de alguien que no estaba precisamente “cantando “(como diría Asdrubal Cifuentes) unas virtudes que, ella sabía mejor que nadie, en absoluto la adornaban — no va, a petición expresa de la antedicha, a ser ni más ni menos silenciada que la de Teresita Ledesma o la de Tornasol o la no identificada en la letra de la cancioncilla que ilustra el archivo titulado “En la casa de Tócameroque” a las que se puede, con toda comodidad y sin tipo alguno de censura, acceder por procedimiento tan sencillo como es el ir pinchando en cada uno de los enlaces siguientes:

►Doña Imelda la gobernanta

►Doña Loreto

foto aquí

►Doña Mimí la funámbula

►El asador de castañas

Que desempeñaba su cometido para la sobrina de la de Arrupe cuando, la víspera de su boda, fue sorprendida por la Loli.

►El paragüero de la señorita Susi

Que gustaba él, al parecer, de hacer intervenciones como - según podemos ver en este enlace - comentarista en diversos blogs; utilizando, a puro capricho, diferentes seudónimos que, según se cuenta, elegía al azar y sin otro criterio ni más propósito que el de dejar constancia de su humanidad.

►El que reponía los vasos desechables de la máquina del café

Que era un hombre más bien tímido que apenas cruzaba palabra con nadie. Pero aquel día andábamos escasos de personal masculino porque se habían marchado casi todos a jugar un partido de fútbol contra los del Animas Benditas y doña Umbelina le pidió si por favor nos podría hacer ese favor que eran, "total" le dijo "apenas una veintena de palabras, dieciocho para ser exactos" (le especificó por animarlo) y que le quedaríamos muy agradecidos porque sin su inestimable colaboración don Heliodoro, tan mayor y tan delicado que estaba, se sentiría muy frustrado sin su pie, que lo tenía en las judías con chorizo. Y aunque sin gran soltura y muy nervioso, que se le cayeron los vasos cuatro o cinco veces, accedió pero comiéndose el "continuará", que dijo que eso ya no y que una y no más Santo Tomás.

►El señor Cremades

Que como buen pupilo de su mentor había aprendido a llevar una relación detallada de todas las partes que se cruzaran en su camino y a su criterio estuviesen manteniendo unos vínculos que conformaran un todo.  En este caso se nos muestra la secuencia completa...leer más

►El señor Pedreras

►Emiliano

►Estrella

Trastornada con la obsesión por su difunto esposo aseguraba que se lo había dictado él en persona, es decir en espíritu, poco tiempo después de no haber logrado y a pesar del mucho empeño que puso salir victorioso de la lucha contra la muerte. Y que el señor del escudo y la espada era él.

Fanny 

 ►Gracia Clotilde Espinosa

Que, como decía la tía Melinda que tanto le gustaban los pareados, fue siempre muy fantasiosa.

para ver su firma pulsar aquí

►La cuñada de la de Zabala

Que bien podría estar siendo, pese a lo muy aventurado que resulta el suponer que don Gabriel fuera a morir precisamente el día de los difuntos - ver señorita Benilde (en verde para no confundir con la abuela) en el Listado del sobrino del guarnicionero que se encuentra en el texto de Olor a Membrillo - pero tampoco debe descartarse de plano, la prima pecosa de la Antúnez que, por otra parte y más considerando lo muy aficionadas que son las adolescentes a disfrazarse y sobre todo en la noche llamada de Halloween, estaría siendo la más indicada para ponerse, como se puso, hecha un basilisco por tener que participar sin insignia. Pero a falta de pruebas contundentes vamos a no complicar las cosas y a quedarnos con que fue ésta, la cuñada, la que tomó el testigo del finado y con que si protestó también lo suyo, que en verdad lo protestó, no fue por eso sino porque lo de "un texto un poco largo" era una forma un tanto eufemística de sugerir irse haciendo a la idea de que podía dar el resto de la tarde por, como decía la criada vieja, "echado a perros".

►La cuñada de un periodista que trabajaba en inmigración

►la de Bernoulli

Se supo, por Basilia cuando nos contó cómo se enjugaba enternecida las lágrimas con el pañuelito de doña Magdalena, que no era tan fría, tan inaccesible, tan complicada como la mayoría de nosotros, rematados ignorantes "poco aplicados, que nunca llegaréis a nada" - enfadadísimo don Farabundo - la suponíamos…

►la del tercero

La Verdaguer, con tan buenísima cabeza y tan fiable para todo lo que fueran cálculos, tan sería y tan aplomada — y tan serena cuando se hallaba lejos del ambiente lectivo, fuera de las aulas y del influjo negativo de las señoritas a las que con tanta frecuencia exasperaba y, ellas, en justa compensación, irritaban forzándola a sacar lo más ácido o retorcido de su temperamento —, no era capaz de encontrar explicación… seguir leyendo

►la descalzadora de la bisabuela Nuncia

►la esposa de don Aniceto

►La fisioterapeuta

Consternada ante la perspectiva de quedarse sin empleo en una época en la que, para colmo, andaba embarcada en una hipoteca.

►La Gorgondiola aficionada a las películas musicales

Este personaje, al igual que su hermana Micaela, que podemos encontrar en la versión 5 de “¿Quiénes somos?” remitida por Clotilde a esta administración, son idénticos a los que figuran como hermanas Fuenfría en la versión 6 remitida por Sonsoles; sin más diferencia que en la de Sonsoles no se hace mención alguna a ciertos filetes de babilla ni a que, por tanto o por pura deducción, fuesen, ni Visitación ni la hermana, la carnicera a la que alude Osoria Escalante en el archivo suyo en que nos habla de la boda de Julianita con Jacinto, el hijo de doña Loreto.

►La hermana del panadero

Que parece ser hizo dos aportaciones, ya que podemos ver otra en esta imagen. Esta casilla treinta, hurgando y rebuscando, nos remitiría a un décimo de lotería de Navidad encontrado en una caja de zapatos. No hay constancia, sin embargo, de que fuese ella aficionada al juego; aunque también puede ser que en fecha tan señalada hiciese una excepción, o, puede ser también, que quién de verdad estuvo en la casilla 9 del juego de la oca no fuera ella sino la persona a la que, en aquel momento en concreto, le tocase ser - o más exactamente "hacer de" - ella.

►La Loli

Escrito así, blanco sobre negro de su puño y letra. Y no mentía, no; que era un dechado de vitalidad y de gracia y desparpajo y aquel color, y aquella frescura y la alegría que emanaba de todo su ser cuando apenas amanecido ya se la podía ver con sus tacones repicando sobre el empedrado y canturreando, feliz, encantada de acudir sin pereza y con la mejor disposición del mundo allá donde su presencia se hiciera necesaria o tomase todos los visos de ser inminente. 

►la madre de cora

Que cuando la niña fue diciéndole que la señorita Berta le había escrito una notita intimidatoria en su mote para una chapuza amenazándola con “advertirte, mamá, de que me suspendería” se puso hecha una furia y los zapatos, y el abrigo y los guantes, y sin ni desenchufar la plancha ni apartar del fuego la olla exprés salió por la puerta escopetada dispuesta a “cantarle la gallina a ese cacho pécora” que se iba a enterar de quién era ella. 

►la prima Emérita

Que a saber si no es todo una sarta de mentiras y el presidente no llevaba gafas, en opinión de unos, o sí, en opinión de otros (bastante más benévolos), la capacidad de comprensión de la encausada sí era suficiente pero ella, “la pobre” (que ya había que ser benévolo en opinión de los unos, pero murmurado entre dientes y entre ellos porque no tenían – dijeron dándose importancia y en voz alta – ganas de discutir con unos idiotas cuando faltaban, apenas, diez minutos para ya en el recreo darlos de hostias), lo entendió todo mal o, que si no – los benévolos, que con tal de no dar su brazo a torcer se dieron punto en boca –,  qué era lo que había pasado con el lío de Oreste sabiendo, como sabía todo el mundo, que ella a Práxedes la adoraba y fueron, desde pequeñitas, como hermanas.

►La Verdaguer

Bastante menos cursi que la Cifuentes, pero infinitamente más retorcida.

►Las de Maluenda

Que como eran tres y muy bien avenidas y se encubrían las unas a las otras no hubo manera de poder averiguar cuál de las tres fue la que organizó el desaguisado que formaron cuando sin querer - porque tuvo que ser sin querer porque formales y bien serias para lo que fuese su responsabilidad sí que eran - mezclaron los folios. Así que todo el mundo hecho un lío, sin saber ni a quién tocaba ni adónde había que ir.

►las de Recuero

Que como cayeron de patitas en el 6 que además de ser casualidad era lo más lejos que se podía llegar  así de buenas a primeras nada más incorporarse al juego se pusieron como locas de contentas y dándose besos y abrazos pensando que el segundo puente bien podría ser un trampolín que les hiciera dar un salto espectacular que nos dejara a todos con la boca abierta; así que se marcharon corriendo y sin querer pararse a tomar nada y, sí, debía de ser que estaban en racha porque allí les salió un 2 que las mandó a la tercera oca; de allí a la cuarta y, con un 4 que les salió, se plantaron como quien no quiere la cosa en un periquete en el 22.

Olor a membrillo

Ir aquí y buscar al sobrino del guarnicionero, y ahí lo verán o,  si no tienen ganas de leer lo de los zapatos del muerto, pueden aprovechar ya que están en el mismo listado para, en el alcalde, ver el archivo verdadero con el que Puntoicoma está (es decir "con el que no es") tan confundido.

Sacramento

La más corpulenta de las Monteverde. Quien no la recuerde puede acudir a Violeta Tovar, en el índice de don Arnaldo.

►Sole

La hermana de la señorita Alicia era de la opinión de que había sido ella misma y más por torpeza que por maldad - pues no la tenía ella por persona inteligente, o no, por lo menos, por lo bastante perspicaz para hacerlo antes de que  llegase Almudena (que daría, como era de esperar, la voz de alarma) - quien había escamoteado las páginas que estaban faltando porque "de  no ser así - planteaba con un incuestionable buen criterio que Alicia se obstinaba en cuestionar - Alicia, querida, piensa un poco, ¿cómo habría podido la otra deducir si se estaban o no se estaban tratando de una carta, eh?".   Leer más

►Sonsoles

Que protestó lo suyo aduciendo que encontraba de todo punto absurdo que se la relegara a un cuarto puesto del que, entendiérasela, no es que la desagradase ni le pareciese un mal lugar en la clasificación en una carrera hacia lo más alto a que se pudiera aspirar, y habida cuenta por añadidura de la enorme cantidad de participantes que le quedaban por detrás; pero, y ese era su argumento, era una verdadera lástima que unos festejos tan bonitos quedasen del todo deslucido por causa de que no siendo ni el ganador, ni el finalista, ni el que mereciese el tercer puesto con una mención especial (porque de medallas ni hablar no habiendo a quién colgárselas) entes reales con nombre y apellido sino tan sólo y si acaso (puestos a suponer que voz, moneda y palillero estuviesen siendo símbolos de algo corpóreo o por lo menos pensable) de razón y bastante cuestionable, el podio luciría vacío cuando ella, junto con doña Gardenia y las Recuero, podrían encantadas de la vida ocuparlo.

►Titulcio Estradilla

Que, bien porque a pesar de sus esfuerzos por ser tan despistado como papá y ganarse así nuestro cariño se sintiera inseguro, o mal porque lo preocupara, pulcro y responsable como en realidad era, confundir el documento de su intervención con cualquiera de los papeles que atestaban su escritorio en la notaría de don Astenio, había ideado el ingenioso método que luego todos le copiaron consistente en, en la parte de la izquierda, a ser posible en el ángulo superior, colocar una réplica (pequeñita, pero copia bastante fidedigna del original) del distintivo que identificaba el documento donde se hallaba la frase que daba pie a la entrada siguiente.

►Un caballero vestido de frac

Mírelo quién quiera verlo, en página 129 mostrando el cronómetro que sujeta en la mano.

un hombre ordenando papeles por encargo en una habitación vacía

►un tercero

Aquí la sorprendida no era la Verdaguer sino Cora y no porque encontrase  nada especial en que el archivo hubiera sido remitido por alguien que se suponía debía de ser de sexo masculino (o no, quién sabe, “un tercero” es algo demasiado genérico) y redactado sin embargo por una mujer “cruzada de manos como una tonta”, sino porque se llegara a él desde una casilla 13 (que bien podía ser; el 1 tiene tantas posibilidades como cualquiera de los otros cinco) a la que se había accedido…  ver más 

►una cuñada

►Vilja

Que era la que elegía, aunque después de mucho demorarse simulando repasar el álbum con suma atención, siempre que se ponía de mal humor cuando, por algún imprevisto con el que evidentemente no se contaba y del que por lo tanto nadie había tenido tiempo de ponerla sobre aviso, era a la mediana de las Barbadillo a la que le tocaba hacer la huérfana.

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